José Jonathan Domínguez Roger-Besú. Presidente de “Los Verdeños”, Asociación de Vecinos de La Verdellada

EL SEMINARIO ESTÁ EN LA VERDELLADA


En estos días que pasan, tras el reciente y lamentable incendio del Obispado, se ha iniciado una campaña de recogida de fondos para la reconstrucción del emblemático Palacio de Salazar. A la sazón de este acontecimiento han salido muchas voces criticas por la citada colecta, ya que se ha recordado cuando en 1964 se incendió la iglesia de San Agustín y de igual manera se inicio una colecta con el fin de recuperarla, pero cuyo dinero nunca se supo a donde fue a parar, aunque la mayoría indica que se destinó al imponente edificio del Seminario que está en La Verdellada.

 

Sin embargo, indagando muy poco encontré unos datos oficiales del Obispado donde no se hace mención alguna al dinero de San Agustín para la construcción del nuevo Seminario. Se dice oficialmente en la propia web del centro que “el Excmo. Sr. Dr. Luis Franco Cascón, noveno obispo de Tenerife, adquirió un extenso solar (120.000m2) en 1964, para el emplazamiento de un nuevo Seminario dentro del término municipal de La Laguna, en el sitio denominado “La Verdellada” en la vertiente sur de la montaña de San Roque”. Y se añade que “Confeccionados los planos y proyectos, así como ultimados cuantos trabajos previos aconsejaba la prudencia en empresa de tanta importancia, el prelado publicó, con fecha del 24 de septiembre de 1964, una exhortación pastoral, dirigida al clero y a todos los fieles de la diócesis, titulada: “Comenzamos el nuevo Seminario”. Se ordenaba en esta exhortación pastoral, que se dé lectura a la misma en todas las parroquias de la diócesis. También se decretaba una peregrinación de las imágenes de la Virgen, patronas de nuestras islas, recorriendo como romeras las parroquias de nuestra diócesis en campaña por el Seminario”.

 

Teniendo en cuenta estos datos, y recordando que la compra de los terrenos del seminario fue en el mismo año del incendio de San Agustín, me queda la duda de si la idea o la compra de estos terrenos fueron anteriores o posteriores al 2 de junio del 64. Necesitaría una aclaración que me resolviera las dudas sobre lo que a voz populi siempre se ha comentado sobre el desvío de fondos en toda esta historia. Sin embargo hay algo que me sorprendió, y es que siempre me habían dicho que la Virgen de Candelaria visitó todas las parroquias de la isla para ayuda en la reconstrucción de San Agustín, y ahora veo que hubo una confusión lamentable que 42 años después se mantiene. Me refiero a que según consta documentalmente, la orden para la visita insular de la Virgen de Candelaria no fue con el fin de recuperar San Agustín, sino claramente para construir el nuevo Seminario.

 

“En octubre de 1974, los desvelos de este prelado se vieron recompensados con la bendición del nuevo Seminario Diocesano afiliado a la facultad teológica de Burgos”, así se afirma en la citada web eclesiástica. Una vez en uso el Seminario, todo lo que ocurrió puertas a dentro es una incógnita para el pueblo, por lo menos para el pueblo verdeño, ya que por extraño que parezca, el Seminario siempre ha vivido a espaldas de La Verdellada pese a ocupar algo más de un 27% de la superficie del barrio. En los primeros años de funcionamiento se pusieron unas alambradas de guerra delimitando toda la propiedad (con el paso de la Vía de Ronda se cambiaron por un muro más discreto) para evitar que los vecinos o chiquillos de la zona accedieran a los citados terrenos, donde antaño se cosechaban cereales y viñas o donde pastaba el ganado que existía en La Verdellada. Precisamente la finca donde hoy esta el Seminario tenia un medianero que se llamaba Don Francisco García y que era conocido como “Pancho Verdellada”  por la finca que gestionaba.

 

Durante años, los vecinos de La Verdellada se han acostumbrado a vivir con un vecino “sordo y mudo”, pero muy presente e imponente por sus dimensiones. La mayoría casi ni se ha percatado de su labor, a excepción de la empresarial que en su interior se desarrolla, de la cual llegaban noticias con el transito de camiones o furgonetas de reparto de mercancías que mantenía un ritmo cronometrado de entradas y salidas. Además en los años 90 se ubicó en su ala Este una facultad o centro de la Universidad de La Laguna, periodo en el que más movimiento se ha percibido entorno al edificio. Ahora me han comentado que en esa ala esta la escuela de negocios MBA; además en la parte trasera del edificio hay instalada una empresa de catering para los aviones, mientras que en el ala Oeste están los estudios de Popular Televisión. Para seminario propiamente dicho solo se está utilizando la parte central, donde hay una remozada capilla que contiene unas esplendidas y vistosas vidrieras dignas de admirar. Por lo que uso si que tiene, aunque no sea el que debería tener por el origen de su construcción, pero como yo no soy el dueño del “Escorial Lagunero” no me meto en ese debate, ya que una vez opiné y un tal “Santo Domingo” me puso bonito con un comentario en el periódico El Día.

 

De resto, lo más que recordamos los vecinos del barrio, o los jóvenes de antes y de ahora, fueron y son sus esplendidas instalaciones deportivas que es de lo único que nos hemos “beneficiado” alguna que otra vez. Recuerdo que teníamos que hacer una expedición para poder acceder a ellas a escondidas para jugar un partido de fútbol o de baloncesto (ya que en el barrio no había ningún polideportivo); Siempre hasta que nos pillara el guardián, que la verdad es que era un poco bruto, ya que salía corriendo detrás de nosotros lanzándonos piedras y palos cada vez que nos veía. Y nosotros como es lógico salíamos por patas y más de una vez sufríamos algún pencazo en la huida, sobre todo al tener que saltar la reja de alambres y espinas metálicas que acotaban todo el terreno, hasta que nosotros mismos agujeramos a la altura de la Casa del Barco.

 

Anécdotas aparte y pasando página de las historias vividas, lo cierto es que aunque personalmente considere que el edificio esta algo desaprovechado en cuanto a lo religioso de su fin, a La Verdellada tampoco le ha venido mal tener el seminario en su suelo, ya que gracias a su ubicación, muchos laguneros se enteraron que existía un pequeño barrio que llamaban y llaman La Verdellada, que en los años 60 ya latía humildemente con corazón propio.

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