Fidel Campo Sánchez

CAMPANAS Y CAMPANEROS DE LA LAGUNA


Todo cambia en estos tiempos que nos ha tocado vivir, hoy nos ocupamos, nuevamente, de las campanas y de los campaneros de La Laguna, nuestra entrañable ciudad. Vemos que su silencio preocupa a los ciudadanos. Así lo colectivos más relevantes de la ciudad, se unen a favor de las campanas, pues, la historia y la tradición de quinientos años, merecen un mínimo de respeto..

Y es que cuando las campanas no se oyen, parece que los campanarios agonizan, es decir, que no forman parte de la vida cotidiana de la ciudad. Al parecer su sonido golpea los oídos de algún ciudadano, hacen mucho ruido y quiebran el silencio de la noche, no dejan descansar. La airada protesta alcanza incluso a las que marcan las horas en el reloj de la torre de La Concepción, por lo que el representante parroquial, opta por cortar el cordón umbilical del mecanismo que se utiliza para el volteo automático, imponiéndose el silencio de la voz de los siglos. ¡Y todos tan contentos, que aquí no ha pasado nada!, que darán, eso si, unas campanas incapaces de tañer para los oídos de los ciudadanos.

En La Laguna de antaño era frecuente oír las campanas de las distintas iglesias y las ondas que se desprendían de ellas envolviendo la ciudad. Las llamadas de las campanas eran siempre reiteradas, una y otra vez, para poder llegar a las almas con el sonido aleccionador del bronce, que un campanero con tradicional aprendizaje golpeaba sin temor.

Por ello, queremos recordar a aquellos, viejos “campaneros de La Laguna” que tanto significaron para la Historia de nuestra ciudad, habida cuenta que transmitían y ponían alma a base se simples golpes de badajo.

Esa es la razón por la que una gran familia lagunera de antaño haya sido conocida popularmente por “los campaneros” y de los que recordamos a: Augusto, Félix, Francisco, Manuel, Domingo y Antonio González Ferrera – estos dos último directores de nuestra Banda Municipal de Música, durante años –

En la Iglesia de La Concepción destacaron campaneros como Juan Antonio de Armas, conocido por  “el cachimba” y sus hermanos Lorenzo “el Maneca” y Anatolio, la familia Marrero de siempre, presidida por don Luís, el viejo sacristán y sus hijos Juan y Luís, Bonfilio, hijo y nieto que repica en la actualidad, con su colaborador más entendido, que no es otro que Abel Afonso.

En San Agustín, recordamos los repiques por San Vicente Paúl y la Virgen Milagrosa, de Eladio Pérez Delgado y de Alberto Pérez Báez, más conocido por el hombre de las medallas. En las pequeñas campanas de San Juan repicaba con maestría Vicente Álvarez Falcón y asimismo lo hizo de monaguillo Domingo Medina, ese incomparable político y amigo por encima de todo.

El Santuario del Cristo tuvo como campaneros a la familia Marrero y una inmensa chiquillería que colaboraba en los repiques de las fiestas y, sin olvidar la pasión que imprimía el famoso cabo Paulino, de la Policía Municipal y al que enviamos desde aquí y ahora y cariñoso saludo.

Las campanas de Santo Domingo eran repicadas por la familia Febles de la que Pedro Patita fue sochantre, sin olvidar al famoso Miguel el Burro, que portaba en todos los acontecimientos religiosos, la Manga Cruz

Y también debemos recordar las campanas y los campaneros de la Catedral, encabezados por el famoso José González, conocido por Asadura que también cuidaba y ponía la hora del reloj y, como no podía ser menos al que fuera muchos años sacristán Antonio, conocido por el Perita, que junto con su familia y en especial con su hijo Domingo, repicaron y doblaron con triste tañido la muerte de algún feligrés conocido, o el muy específico Día de Todos los Santos, por el mes de noviembre. Fueron campaneros ocasionales Paco Cantero, servidor del Obispo Pérez Cáceres así como los hermanos Afonso, colaboradores del Reverendo don Pedro Juan, canónigo responsable del templo catedralicio. Sólo nos queda destacar al mejor profesional, dada la practica y conocimientos adquiridos con el paso de los tiempos, de las diferentes campanas y campanarios, al nada más y nada menos que al gran lagunero Ricardo González Afonso, hijo del famoso Ricardo González Tejera, quien fuera abanderado del Orfeón La Paz y, además, medalla de Bronce de La Laguna, por su plena y total dedicación a la ciudad.

Nos queda decir únicamente que son don Bernardo Álvarez, obispo de la diócesis de San Cristóbal de Laguna y doña Ana Oramas y González Moro, en su calidad de presidenta de la Corporación Municipal, a los que sus manos encomendados el futuro de nuestros campanarios y campanas, para que no pase, como ha pasado con la Escuadra del Santísimo Cristo. AMEN

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