Fidel Campo Sánchez

JUAN ANTONIO DE OSSUNA Y TORRES, LAGUNERO SINGULAR.


No podemos ocultar que escribir hoy, expresar nuestro pensamiento y opinión sobre ese lagunero singular cual es Juan Antonio de Ossuna y Torres, nos proporciona una satisfacción que nos entusiasma.

 

Lo conocimos hace muchos años y, nada más recalar en La Laguna. Inmediatamente descubrimos un espécimen cuyas cualidades de hombre de ideas, de bien, trabajador infatigable y persistente, que se afanaba y ponía todos sus empeños e ilusiones en enaltecer a la vieja ciudad de Aguere que le vio nacer.

Si aún hoy no se deja ganar por los años transcurridos, imaginémonos lo que era capaz de hacer hace medio siglo, nuestro estimado amigo, por lo cual lo definimos merecidamente,  como: UN LAGUNERO SINGULAR.

 

La Laguna de entonces era una ciudad encantadora, donde todos se conocían e incluso algunos eran hasta parientes cercanos o lejanos, que compartían sus aficiones en animadas tertulias donde se hablaba de todo lo divino y humano, incluidas las cacerías de las que nuestro entrañable amigo es ávido especialista. Las entretenidas partidas de cartas, ruedas de dominó, billar y donde no faltaban las bromas bien elaboradas en aquel animado Ateneo y en el viejo Casino de la calle La Carrera. La Laguna de entonces era una ciudad aferrada más a sus tradiciones y éstas se han de conservar respetuosamente porque prestigian los valores del pasado. Uno de los mejores ejemplos los hallamos en las fiestas religiosas, pues, la Semana Santa de antaño vemos que se ha mantenido y mejorado, la Festividad del Corpus y las tradicionales alfombras se siguen confeccionando gracias al empeño del pueblo y el Ayuntamiento. Ocurre lo mismo con la Romería Regional de San Benito y con las tradicionales fiestas en honor del Santísimo Cristo de La Laguna que se celebran en el mes de septiembre. No hay duda que todo este calendario festivo se mantiene, con el esfuerzo y los sentimientos de muchos laguneros como el personaje del que nos ocupamos hoy.

 

Pues bien,  quisiéramos recordar aquellas épocas entrañables de la juventud, ¡cuya información hemos recabado de amigos que vivieron el pasado, en la que viviera nuestro amigo Juan Antonio, ¿cómo era La Laguna por la década de los años cuarenta y cincuenta? En el verano se solía ir a Bajamar a la antigua piscina que cercaba el charco redondo, también del Arenal y la Punta, aquellas playas no estaban a tope como ocurre en la actualidad. Diríamos que el verano no se pasaba en el litoral. Se buscaban sitios o lugares frescos, tranquilos como La Laguna. Subían los vecinos de Santa Cruz a veranear. Se preparaban las bicicletas propias o alquiladas en casa de Valencia, Inocencia o Morales. No faltaban los trompos, las tiraderas, las cometas elaboradas con papel de seda y sobre todo las pelotas que generalmente eran de trapo, pero que hacían las delicias de aquellos muchachos que recorrían con sus juegos los caminos de nuestra bella Vega lagunera.

 

En el recuerdo de épocas del pasado, debemos señalar algunos de los que compartían con Juan Antonio, pillerías y astucias de juventud, como los hermanos Domingo y José Montesdeoca, Alberto de Armas, Manolo y Gilberto Alemán, Pedro Fernández Morán, Francisco Melián, Miguel Ángel Fajardo, José Massieu, Jesús Ángel Benítez de Lugo y Luís Ruiz Benítez de Lugo, entre otros, todos ellos vigilados muy de cerca por aquel famoso guarda jardines, conocido por “el pajarero”.

 

Transcurren los años y aquel jóven se convierte en el Presidente de la Juventud Católica, pues indudablemente la educación familiar y el sentimiento religioso de su hermana María del Cristo, fundadora de la Fraternidad Católica de Enfermos, significaron mucho para Juan Antonio en aquellos momentos y le han marcado de manera indeleble para siempre.

 

La Juventud Católica estuvo instalada primero en la casa del notario don Santiago Pérez Izquierdo, ocupada en la actualidad por la viuda de su hijo Santiago que fuera notario de la ciudad de Güimar. Debemos hacer mención, por obligado cumplimiento, que uno de los presidente de la Juventud Católica de la época fue el muy recordado Miguel Feria Cedrés, con el conserje Israel, hermano de Régulo conocido por el latonero de la ciudad. El mencionado Israel fue posteriormente portero del Obispado, con el obispo entrañable, don Domingo.

 

Israel  fue blanco de múltiples bromas que les gastaban Marino Mesa, Enrique Martín, Antonio my Fernando Calimano, Antonio Núñez y Argeo Pérez Godiño. Convocaba a todos a la hora de rezar el rosario, suspendiendo los juegos mientras Daniel Redondo Camarero cumplía la devota misión. Más tarde la sede de la Juventud Católica se trasladó a la casa que junto al obispado que acogió luego la Librería Diocesana.

 

Otras sedes tuvo Acción Católica en nuestra ciudad, en la calle Anchieta, donde hoy se encuentra el Archivo Diocesano se instalo la Sección de hombres bajo la tutela de don José Ortega y don Ciro Ucelay. En la calle Nava y Grimón estuvo el Consejo Diocesano y la sede de mujeres, con doña Magdalena Monteverde y doña Guillermina Ossuna al frente.

 

Juan Antonio da comienzo a su vida laboral en el empresa Celgan con su amigo el recordado y querido Zenón Mascareño que tuvimos la oportunidad de tratar, al que ayuda diligentemente, buscando ocurrentes e increíbles soluciones bancarias, en unos tiempos extremadamente difíciles, de los que tan sólo los hombres audaces, a la vez que moderados, podían lidiar, como tan acertadamente  lo hicieron estos dos apreciados amigos.

 

Nuestro amigo Ossuna contrae nupcias matrimoniales con María del Carmen Martí y Ascanio, de cuya unión son fruto cuatro hijas, lo que le convertiría, dicho con suma cariño,  en Jefe Local de una Sección Femenina, como las de épocas pasadas.

 

Lo vemos cambiar por el apasionante mundo de los seguros y es Delegado de MAPFRE  en La Laguna, consiguiendo a lo largo de más cuarenta años, una importante Cartera de Seguros, habida cuenta que según parece en este tiempo formalizó más de 1.111 mil ciento once) pólizas. En la actualidad, jubilado de dicha actividad, es consejero de la Fundación MAPFRE –Guanarteme, donde ha realizado una importantísima labor, apoyando ideas, como la de promover la rehabilitación de la Ermita de San Cristóbal, donde están los restos del Mencey Guanarteme, una actuación loable entre otros muchas.

 

A la vez, debemos significar que también se ha dedicado a la promoción de edificios y viviendas, en sociedad con algunos amigos.

 

Pero donde nuestro ilustre amigo ha dejado su impronta, su huella, donde ha demostrado su valía para hacer lo que hizo y muy bien, ha sido en las obras de adecuación llevadas a cabo en el Casino y su anexo deportivo. Así vemos como se han construido unas magníficas instalaciones, dotadas de piscina cubierta, vestuarios adecuados, con un gimnasio muy completo, una cancha de multiusos, todo ello con una muy lograda decoración.

 

Y es que cuando exponía sus ideas de contar con un anexo deportivo, no era otra su intención sino la de lograr la supervivencia de la sociedad en el futuro.

Fue tratado de iluminado, de fantástico pero el sin prestar excesiva atención a los comentarios puso toda su fe y trabajo en realizar esa transformación, convirtiendo al Casino en la más moderna sociedad que tenemos hoy en La Laguna.

 

Todo esto se logró solventando las múltiples dificultades burocráticas y soportando estoicamente, sin abatirse, los pésimos augurios y tormentas e incomprensiones habituales contra aquellos que demuestran que se puede hacer realidad aquello de Antonio Machado: “… no hay camino,  se hace camino al andar”

 

El Casino de La Laguna, la obra prominente y por excelencia de Ossuna en este medio siglo, ha recuperado su vida y afronta un porvenir seguro y esperanzador. Mientras Juan Antonio sigue encontrando siempre soluciones a los problemas más difíciles y con optimismo, excelente talante y buen deseo se preocupa del Orfeón La Paz, de la Real Sociedad Económica de Amigos del País y de nuestra querida ciudad, compartido con algunas escapadas a Icod de los Vinos, lugar donde posee sus fincas: El Transito y La Torre y donde, además, cuenta con un magnífico aguacatero, cuyos frutos maduros son, ¡al parecer!, de un gustoso sabor almendrado.

 

¿Será, por lo tanto el momento de solicitar a nuestra alcaldesa, Ana Oramas y González Moro y a la Corporación Municipal, la aplicación del Reglamento de Honores y Distinciones para dedicar una calle de nuestra ciudad, a este lagunero de pro, seguros que su trabajo y amor a La Laguna se sacarán enseñanzas edificantes para los que vengan detrás de nosotros, las futuras generaciones? AMEN.

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