La indiferencia por Alicia Mújica Dorta (Abogada)

Me pregunto qué le sugiere a algunos políticos que abanderan la Ley de Plazos en el tema del aborto, el lema de “fuera sus rosarios de nuestros ovarios”. Es probable que, sobre todo si vienen de abanderar posturas progresistas, que consideren que sus planteamientos van “más allá” de la casposa e insidiosa intervención sociopolítica o religiosa en la vida sexual y reproductiva que las mujeres venimos padeciendo.

Santiago Pérez en el Pleno del Ayuntamiento de La Laguna se opuso a la moción que rechazaba el restrictivo Anteproyecto del gobierno del Partido Popular para reformar la actual Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva, y lo hizo para defender la Ley de Plazos. Seguramente, de alguna manera, se sienta liderando un perfil o rango de moral que parecía haber pasado desapercibido, incluso para el mismísimo Presidente Largo Caballero, que ya iniciada la guerra civil, en plena contienda, avaló la absoluta despenalización del aborto, junto la Ministra Federica Montseny, por única e insólita vez en el Estado Español.

Tanto en el Pleno como en las justificaciones que dio días después, se metió él solito en una maraña de declaraciones sobre las virtudes de una ley de plazos, sobre la protección de la “vida en gestación”, sobre la criminalización del embarazo fuera de los plazos. Apostó incluso por tildar de “indiferencia” (mirar para otro lado, dijo también) la defensa que miles de mujeres estamos llevando a cabo a favor de nuestro derecho a elegir si queremos o no reproducir vidas, para que de una vez por todas se elimine del código penal la referencia a la interrupción voluntaria del embarazo. Y lo hizo de manera terriblemente obscena y decepcionante, enarbolando no sé qué bandera de supuesta moralidad, que realmente no es más que la misma postura de reproche machista de control y tutela de la función reproductora de las mujeres. Obscena porque trata de debatirse, para salir airoso entre la etiqueta de la “indiferencia” y la criminalización, para buscar un huequito en medio de las dos, sacando léxico de la su maleta de recursos: “países avanzados”, “vida en gestación”, “retroceso ante un tema muy delicado”, mezclando insólitamente argumentos y vocabulario empleados tradicionalmente por los grupos contrarios a la libre elección de las mujeres, o mal llamados, “pro-vida”, con una dialéctica de política económica, para finalmente ampararse bajo un puente ante la tormenta, y espetar que sin duda en un asunto importante porque “es un tema que afecta directamente a las mujeres”.  Claro que es un tema importante, pero precisamente lo más importante es que el conjunto de normas que articulan nuestra convivencia social entre mujeres y hombres, deje de cultivar tan hipócrita cuidado por las esferas vitales de las mujeres, para preocuparse de eliminar los obstáculos que generan discriminación, y entre ellos la anacrónica tendencia a asegurar la esclavitud reproductiva de las hembras.

Si lo hace por darle coba a los plazos de la aún vigente La Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, debería saber que esta ley generó muchísimas dudas y vacíos, determinando un derecho social de IVE incompleto, y sin garantizar en modo alguno que se fuera a evitar el siempre peregrinaje de las mujeres en busca del respeto a la integridad de las decisiones sobre su opción de vida y reproducción.

    Si lo hace por una protección jurídica del nasciturus, sería bueno que recuerde que somos nosotras las que biológicamente podemos gestar y parir. Nuestra evolución como especie va íntimamente unida a nuestro derecho, deber, necesidad de desarrollar herramientas para mejorar nuestra calidad de vida, la individual y también la colectiva. De nada nos sirve tratar de evolucionar desde la perfección del individuo, si no se prioriza su avance horizontal y solidario, hacia la libertad personal y humanización de nuestras sociedades. El derecho a una nutrición saludable, el equilibrio en la obtención de recursos respecto a nuestra capacidad de contribución a su obtención, el derecho a obtener respuesta sanitaria justa, a poder contar con una cultura sobre los cuidados que respete a las personas que cuidan a las personas, hasta el derecho a la salud sexual y reproductiva, son elementos inescindibles del derecho a la vida, del derecho a la integridad física y moral de las mujeres. Estamos realmente hartas de esta historia de punición, de persecución penal, la persecución estatal de las mujeres por elegir su futuro reproductivo, si quieren gestar o no, es una historia ligada a la vulneración constante del derecho a la vida y la integridad  de las mujeres, tratadas en la mayor parte de los casos como meros cántaros de reproducción de la especie, y casi siempre, como herramienta de control social o religioso del modelo de familia.

    Es indigno y obsceno tratar de inmiscuirse en la vida íntima de cualquier ser humano, así como las opciones vitales que ello le genere. No nos criminalicen como punto de partida, desde el atril de tus códigos morales. Nosotras no recomendamos indagar sobre la vida sexual o reproductiva de nadie. Como bien dice Santiago, esto es muy serio, pero no porque trate de “mujeres”, sino porque somos seres humanos dispuestos a llegar hasta el final en la eliminación de obstáculos que nos impidan desarrollarnos en libertad. No vamos a permitir que se nos siga imponiendo este absurdo papel de personas sin capacidad jurídica completa, tutelables, aconsejables, manejables, sumisas ante el deber ser reproductivo, sumisas ante el esquema religioso y sociopolítico que ha permitido que se nos utilice. Queremos optar con libertad por ser madres o no serlo, y luchamos porque ambas posturas vengan acompañadas de la mayor dignidad posible, desde nuestras tendencias y vivencias, desde nuestros cuerpos y nuestras vidas, desde nuestras emociones y posibilidades, deseando que de una vez por todas posturas obstruccionistas vayan desapareciendo, y que por fin se elimine el pestilente acervo de estereotipos y machangadas con los que se nos tilda y limita a diario. No se trata de indeferencia, Santiago. Ante la regulación de la interrupción voluntaria del embarazo lo que buscamos es que se regulen los mecanismos que aseguren nuestros derechos biológicos como personas que pueden decidir en libertad, y así eliminar el peregrinar de las mujeres en busca del respeto a sus derechos.

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