Política y personas válidas por Antonio Alarcó (Portavoz del PP)

La semana pasada les hablamos de personas tóxicas. Más concretamente, de aquellas que se acercan hasta la política y dinamitan todo aquello que les rodea, por el simple  hecho de dinamitar sin crear nada nuevo. Este tipo de personalidades hacen un daño enorme a las organizaciones políticas y civiles. Afirmaba entonces que todos los que nos dedicamos a la noble actividad de la política, tropezamos a menudo con especímenes de este tipo. Pero a la vez hay que decir de forma rotunda que no todos los que se acercan a esta noble tarea son así. Todo lo contrario, mayoritariamente son gente normal, valida y constructiva. Si la política es servir y no servirse y pensar siempre en las necesidades del ciudadano, usted que está leyendo estas palabras, debe de tener claro que somos muchos los que llegamos a esta noble actividad con este convencimiento, pensado siempre en los sentimientos y en las referencias que necesitan ver los conciudadanos.

Y no solo en las caras conocidas que asoman cada cierto tiempo a los medios de comunicación o las vallas publicitarias en época electoral, sino también en la sombra, trabajando en silencio llevados por una clara vocación de servicio. Personas válidas. Personas que trabajan por el bien común, que suman, que avanzan, que no quieren quedarse de brazos cruzados y hacen su aportación a la sociedad a través de la política. Desde el vecino que se preocupa por su calle, por su barrio o por su ciudad y decide tomar cartas en el asunto y buscar de forma positiva soluciones a los problemas, hasta aquel trabajador que, consciente de su valía, decide poner al servicio público la misma, ofreciendo todo lo que puede aportar a la sociedad. Personas que trabajan desinteresadamente por sacar adelante proyectos en los que creen fervientemente. Personas que tienen ideas, que creen en la acción, en el trabajo… Que creen, definitivamente, en la política y en todo el bien que se puede hacer desde ella.

Tras un político, tras la cara conocida, existe todo un equipo de personas. No pueden llegar a imaginar cuantas. La mayoría de ellas no aspira a ocupar un puesto en ningún sitio, ni tiene ningún interés en destacar. Son personas como usted, que creen en un proyecto, que creen que es posible cambiar las cosas, que tienen inquietudes y sueñan con un mundo mejor. Personas activas, desinteresadas, con iniciativa… que deciden dedicar buena parte de su tiempo a ayudar a desarrollar aquellas ideas que en las que creen. Esas son las personas válidas. Las que no buscan honores ni reconocimientos, pero sí desarrollo y beneficios para todos. Pueden comulgar más con unas ideas o con otras. Pueden dar rienda suelta a sus inquietudes desde un color u otro. Pero si hacen avanzar, funcionar el engranaje sin restos de toxicidad, son válidos. Aquí o allí.

Y también entre los políticos de primera fila, entre las caras que sí son conocidas para todos, hay personas válidas. Por supuesto que las hay. Es triste la idea que muchos ciudadanos tienen de la política que posiblemente por las personas toxicas se ha degradado de forma clara pero estamos convencidos de que mayoritariamente en todos los partidos se está para intentar que la sociedad avance. Nosotros nos sentimos así y estamos convencidos de que la satisfacción del deber cumplido es una de las recompensas mayores que se pueden recibir. Modestamente les pedimos que confíen que la política es imprescindible en democracia y que existe mucha gente valida, capaz, positiva y ante todo desinteresada. Quizás hoy en día cuesta creerlo pero la hay.

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